Celeste Castillón, de 36 años, vio como el fatídico sábado 16 de diciembre parte del club Bahiense del Norte se derrumbó y sepultó a su esposo Ariel Baldi y al hijo de ambos, Benicio, de 5, y pensó que la vida también había terminado para ella. Pero un mes más tarde volvió a su actividad habitual porque, dijo, “no queda otra que ponerle el pecho a la situación”.
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